La relación del hombre y el fuego nos ha llevado a apreciar la leña de una forma natural, que nos saca una sonrisa al repetir la ceremonia que a través de generaciones se ha dado preparando y acopiando combustible para pasar los fríos inviernos.

Sabedores de la importancia de un buen fuego, comercializamos exclusivamente las maderas más adecuadas para la combustión por su alto poder calorífico o por la viveza de su llama. De esta forma, el roble, la encina, la acacia y de forma complementaria el fresno son los combustibles que consideramos óptimos tras almacenarlos convenientemente en sacos y bigbags ventilados durante el tiempo suficiente para conseguir el nivel de humedad necesario para la combustión.
No servimos leña que no lleve al menos un año cortada.
